El pasado 1 de marzo las urnas hablaron en Galicia con rotundidad, el gobierno gallego, o mejor, los dos gobiernos existentes en Galicia, eran desalojados de San Caetano con convicción y determinación. El Partido Popular obtuvo el 47,09% de los votos sumando la cantidad de 760.591, el Partido Socialista el 29,93% lo que supone 483.357 votos y el BNG el 16,57% con 267.631 votos. Los votos conjuntamente de socialistas y nacionalistas suman 750.988, el 46,5%.
A estos resultados hay que añadir un índice de participación del 70,45% del censo electoral, lo que les aporta una rotunda legitimación. Ambos datos, índice de participación y número de votos, lanzan un mensaje inequívoco de la Sociedad gallega, la existencia de un gran malestar con el gobierno.
Efectivamente, el Gobierno gallego, no estuvo ni a la altura de las circunstancias, ni mucho menos a la altura de lo que la Sociedad esperaba de él cuando le otorgo su confianza. ¿Cuáles fueron los fallos? Es una pregunta difícil de contestar con precisión, pero si es fácil de hacerlo con exactitud:
El Gobierno no se entendía entre sí, había dos modelos diferentes para Galicia, el BNG pretendía la Galiza nazón, pretensión que se puede resumir en la frase de Quintana “imos a educar a Madrid”, y por el contrario el PSOE pretendía la Galicia región, actuando al dictado de Madrid. Ejemplo de lo que estoy diciendo es el siguiente, el BNG quiso la puesta en marcha del Plan Barreras para la antigua Astano, es decir, que este astillero volviera a la construcción naval civil. El PSOE, en clara alineación con la SEPI, pretendía la implantación de actividades industriales relacionadas con el mundo de la energía en los terrenos ociosos de Navantia Fene, resultado final, no se hizo nada.
El Gobierno no fue capaz, ni tan siquiera de asomarse al futuro, siendo incapaz de realizar una mínima previsión de la crisis que se acerca a España y a Galicia no al trote sino al galope.
Este Gobierno dedicó gran parte de su tiempo y esfuerzo a crear estructuras de poder, como el Consorcio del Bienestar, SEAGA y una ley de la Función Pública por la que se convertía a todos los puestos de trabajo de la Xunta de Galicia de libre designación, a excepción de los subdirectores generales y secretarias/os de Conselleiros, en puestos de trabajo de concurso, eso sí una vez cubiertos por el sistema de libre designación con los suyos. Cercenando la carrera administrativa de miles de funcionarios, y asegurándola para los afines.
Este Gobierno no fue consciente de que Galicia es una Comunidad Autónoma de Objetivo Convergencia en términos de la Unión Europea, es decir, pobre, y que lo que se debe de hacer, en una situación así, es aprovechar todos los recursos para salir de esa “pobreza” y no para mantener niveles de ostentación impropios e incompatibles nos sólo con la situación actual, sino también con los conceptos actuales. En una palabra, no fue un gobierno austero.
Este Gobierno no fue capaz de resolver los retos de modernidad más apremiantes para el País: AVE ni se sabe cuando llegará a Galicia. El sector energético en Galicia estuvo materialmente parado durante cuatro años. La deslocalización empresarial en Galicia resultó galopante en este período. La desprotección social de los trabajadores absoluta, los expedientes de regulación de empleo en Galicia perdieron su carácter causal para convertirse en amenazas empresariales que amedrentaron a la Xunta de Galicia. No se hizo ni la más mínima apuesta por que en Galicia aparecieran los nuevos sectores económicos (aeroespacial, biomedicina, nanotecnología, electrónica avanzada, etc.), este Gobierno se ancló en la economía tradicional, apostando por los sectores de siempre, la agricultura, la pesca, la construcción, la minería y la metalurgia.
Y como colofón y corolario, fue un Gobierno que habló de la igualdad, pero discriminó a los que no hablaban gallego. Fue un gobierno que estableció el salario de la libertad, pero no ofreció ni un trabajo ni una adecuada capacitación a la mujer. Fue un gobierno que habló de conciliación, pero ofreciendo a las familias un instrumento absolutamente rechazable, la galaescola.
Los gallegos no quieren gobiernos formales sino reales, que trabajen en exclusiva para lograr su bienestar y garantizar su libertad.
A estos resultados hay que añadir un índice de participación del 70,45% del censo electoral, lo que les aporta una rotunda legitimación. Ambos datos, índice de participación y número de votos, lanzan un mensaje inequívoco de la Sociedad gallega, la existencia de un gran malestar con el gobierno.
Efectivamente, el Gobierno gallego, no estuvo ni a la altura de las circunstancias, ni mucho menos a la altura de lo que la Sociedad esperaba de él cuando le otorgo su confianza. ¿Cuáles fueron los fallos? Es una pregunta difícil de contestar con precisión, pero si es fácil de hacerlo con exactitud:
El Gobierno no se entendía entre sí, había dos modelos diferentes para Galicia, el BNG pretendía la Galiza nazón, pretensión que se puede resumir en la frase de Quintana “imos a educar a Madrid”, y por el contrario el PSOE pretendía la Galicia región, actuando al dictado de Madrid. Ejemplo de lo que estoy diciendo es el siguiente, el BNG quiso la puesta en marcha del Plan Barreras para la antigua Astano, es decir, que este astillero volviera a la construcción naval civil. El PSOE, en clara alineación con la SEPI, pretendía la implantación de actividades industriales relacionadas con el mundo de la energía en los terrenos ociosos de Navantia Fene, resultado final, no se hizo nada.
El Gobierno no fue capaz, ni tan siquiera de asomarse al futuro, siendo incapaz de realizar una mínima previsión de la crisis que se acerca a España y a Galicia no al trote sino al galope.
Este Gobierno dedicó gran parte de su tiempo y esfuerzo a crear estructuras de poder, como el Consorcio del Bienestar, SEAGA y una ley de la Función Pública por la que se convertía a todos los puestos de trabajo de la Xunta de Galicia de libre designación, a excepción de los subdirectores generales y secretarias/os de Conselleiros, en puestos de trabajo de concurso, eso sí una vez cubiertos por el sistema de libre designación con los suyos. Cercenando la carrera administrativa de miles de funcionarios, y asegurándola para los afines.
Este Gobierno no fue consciente de que Galicia es una Comunidad Autónoma de Objetivo Convergencia en términos de la Unión Europea, es decir, pobre, y que lo que se debe de hacer, en una situación así, es aprovechar todos los recursos para salir de esa “pobreza” y no para mantener niveles de ostentación impropios e incompatibles nos sólo con la situación actual, sino también con los conceptos actuales. En una palabra, no fue un gobierno austero.
Este Gobierno no fue capaz de resolver los retos de modernidad más apremiantes para el País: AVE ni se sabe cuando llegará a Galicia. El sector energético en Galicia estuvo materialmente parado durante cuatro años. La deslocalización empresarial en Galicia resultó galopante en este período. La desprotección social de los trabajadores absoluta, los expedientes de regulación de empleo en Galicia perdieron su carácter causal para convertirse en amenazas empresariales que amedrentaron a la Xunta de Galicia. No se hizo ni la más mínima apuesta por que en Galicia aparecieran los nuevos sectores económicos (aeroespacial, biomedicina, nanotecnología, electrónica avanzada, etc.), este Gobierno se ancló en la economía tradicional, apostando por los sectores de siempre, la agricultura, la pesca, la construcción, la minería y la metalurgia.
Y como colofón y corolario, fue un Gobierno que habló de la igualdad, pero discriminó a los que no hablaban gallego. Fue un gobierno que estableció el salario de la libertad, pero no ofreció ni un trabajo ni una adecuada capacitación a la mujer. Fue un gobierno que habló de conciliación, pero ofreciendo a las familias un instrumento absolutamente rechazable, la galaescola.
Los gallegos no quieren gobiernos formales sino reales, que trabajen en exclusiva para lograr su bienestar y garantizar su libertad.
E claro vostede o decide con conocemento de causa, cando di de ostentanción e o anterior goberno do PP e a súa cidade da Cultura, canto era o gastado? 500.000 millóns de euros? Non entro a valorar as manipulacións do AUDI e a campaña do PP que, -lle saíra ben- sobre o prezo real (que lle sobraba un cero, pero agora que máis da); recoñezo que non miro do mesmo xeito ao PP desde o asunto do PRESTIGE, e non son o único -a miña nai e avóa tamén- sendo votantes aférrimas non volveron a prestarlle o seu voto -ainda que fora FRAGA- e, que como din, os votantes da dereita non soemos castigar a dito partido fagan o que fagan. Negome a eso, aspiro a unha dereita coma a de Alemaña, que con responsabilidade asuma os erros cando ten que facelo, e non fuxir cara adiante.
ResponderEliminarDame a impresión, despois de ollar as maniqueístas texirversacións sobre o galego, o de TRILLO, o da corrupción no partido no Onteniente, que ainda nos queda moito por avanzar.
E como anterior "Catellano Hablante" defendo o galego, porque non é a verdade o que defende GB, PyD e algunhas familias do PP.
Son do rural, que lle vou facer e os meu pacentes agradecen que lles rrespoten en galego.
Estimado caballero:
ResponderEliminarEs mi ilusión animarle a seguir los artículos que iremos publicando en mi humilde blog acerca de la triste situación económica en la que nos hallamos inmersos y la forma torticera en que los funcionarios están siendo usados a modo de cabeza de turco de la crisis.
En este artículo de carácter económico exponemos y comentamos los últimos datos del paro. Es de sobra conocido que para enfrentarse a un problema antes es condición previa conocerlo. Es nuestra humilde intención esclarecer a aquellos interesados en la materia algunas claves de la siempre farragosa economía.
Un saludo afectuoso desde tierras canarias.